Emilio Rodríguez es rector de la Universidad de Tarapacá, vicepresidente ejecutivo del Consejo de Rectoras y Rectores de las Universidades Chilenas (CRUCH) y presidente de Proyecta Chile 2050. Académico de regiones, como él mismo se define, conduce la iniciativa en una etapa en que el proyecto pasa del diagnóstico a la acción, mientras se aproxima al cierre de su periodo rectoral.
En esta conversación, Rodríguez aborda el rol de las universidades en la planificación de largo plazo, la fragmentación del conocimiento científico, el lugar de la inteligencia artificial en el debate sobre el futuro del país y su convicción de que la segunda fase del proyecto debe llegar a cada territorio con propuestas aplicables, destacando iniciativas como “Drones para Chile” y aplicaciones para el diagnóstico temprano del cáncer de mama.
¿Qué significa para las universidades chilenas participar en Proyecta Chile 2050?
Es un deber, yo diría que un imperativo moral. Vivimos en un país rico en oportunidades y estamos además en un cambio de era. Esas dos condiciones juntas exigen una reflexión que no se agote en los próximos tres o cuatro años, sino que tenga una mirada de largo alcance, profundamente estratégica. El objetivo es que nuestras ventajas comparativas como país se conviertan en ventajas competitivas en una sociedad que va a transformarse de maneras que todavía no alcanzamos a imaginar del todo. La energía, por ejemplo, va a cambiar muy significativamente hacia el 2050. ¿Qué hace Chile para estar preparado frente a esa oportunidad? Esa es la pregunta que el proyecto nos obliga a hacernos.
Una crítica frecuente al conocimiento universitario es que se queda encerrado en la academia. ¿Cómo Proyecta Chile 2050 construye ese puente hacia las políticas públicas?
En Chile se investiga mucho y con calidad, pero ese conocimiento está fragmentado y disperso. Puede estar perfectamente publicado en el estado del arte de una disciplina y ser completamente invisible para quienes diseñan políticas públicas. Lo que hace Proyecta Chile, particularmente con la Fundación Encuentro Futuro, es integrar lo que está disperso. El documento generado el año pasado, y perfeccionado este año junto a la Ucsc, hace exactamente eso: concentra, articula y muestra dónde puede aplicar ese conocimiento desde la lógica del desarrollo. Eso tiene un valor que yo estimaría enorme.
El proyecto ha convocado también a institutos profesionales y centros de formación técnica. ¿Existe otra instancia así en el país?
No hay una instancia formal donde se reúnan todas las instituciones de educación superior del país. Congreso Futuro fue la primera en esa dirección, y Proyecta Chile tiene esa continuidad. Acá todos son bienvenidos: el CRUCH, las universidades privadas agrupadas en la CUP, y también los institutos profesionales y los CFT. El trabajo que ha hecho INACAP, por ejemplo con su proyecto de drones, es una consecuencia concreta de lo que se ha elaborado en el marco de Proyecta Chile. Eso me parece que es exactamente el tipo de resultado que buscamos.
¿Cuál debería ser el paso siguiente de Proyecta Chile 2050?
Más que priorizar temas, yo creo que el desafío va en otra dirección. Tenemos una visión estratégica de largo plazo que hay que mantener en perfeccionamiento permanente, porque los cambios son sistemáticos e ininterrumpidos. Pero luego hay que aterrizar esa visión en cada región del país. Arica y Parinacota tiene oportunidades distintas a las de Antofagasta o Los Lagos. Hay que identificar esos rasgos propios de cada territorio y diseñar desde ahí. Hubo una experiencia en Valparaíso que, según entiendo, fue exitosa. Eso debiéramos tenerlo en cada rincón del país.
¿Qué tipo de proyectos concretos podrían surgir de esta segunda etapa?
En cada región debiéramos tener al menos un par de proyectos funcionando. No solo con mirada al 2050 o al 2030, sino también resolviendo problemas de corto plazo. Las listas de espera en salud, por ejemplo. Con un trabajo mancomunado entre instituciones de educación superior se pueden alcanzar soluciones bastante efectivas y en plazos razonables. Nosotros mismos, como Universidad de Tarapacá, tenemos ahí un desafío con INACAP en la región. La marina costera de Tarapacá abre posibilidades en salud pública, en tecnología para el diagnóstico de enfermedades prevalentes en adultos mayores, hipertensión entre ellas. Eso se hace en otras partes del mundo. Podría hacerse aquí.
La inteligencia artificial promete enormes avances, pero también amenaza empleos y profundiza desigualdades. ¿Cómo debería prepararse Chile frente a ese escenario?
La inteligencia artificial llegó para quedarse y es inevitable. Las oportunidades que genera son extraordinarias en casi todas las disciplinas profesionales. En medicina ya se están desarrollando aplicaciones en Chile para el diagnóstico de cáncer de mama con resultados superiores al diagnóstico tradicional. Pero hay que ser claros en lo que viene: el empleo del futuro no es el empleo del presente. Chile tiene una proporción alta de trabajo rutinario y repetitivo, y ese trabajo va a ser reemplazado por la robótica. Eso no es catastrófico si nos preparamos, pero exige construir capacidades. Y exige también marcos de regulación ética, sin perder de vista que la inteligencia artificial, la robótica y en su momento la computación cuántica van a configurar algo que ya no es una plataforma de cambio, sino un nuevo ciclo, una nueva era.
¿Qué expectativas tiene para esta segunda fase?
Que el proyecto llegue a los territorios con proyectos concretos, sin perder la mirada larga, pero atendiendo también lo urgente. Esa combinación estratégico táctica es lo que debería diseñarse en los próximos meses. Proyecta Chile 2050 tiene larga vida, estoy convencido de eso, pero su credibilidad y legitimidad dependen de que resuelva problemas reales, no solo de que produzca marcos conceptuales bien elaborados.
Usted ha insistido varias veces en la importancia de pensar Chile desde las regiones y con una mirada de largo plazo. ¿Qué le gustaría que dejara instalado Proyecta Chile 2050 en el país durante los próximos años?
Proyecta Chile 2050 es una de las iniciativas más grandes que se están llevando adelante hoy en el país, y diría que también en América Latina. Es muy difícil lograr articular a la academia, al Senado, a los diputados, a la sociedad civil y al mundo empresarial en torno a una misma visión. Eso se ha logrado. Pero hay un desafío que no hemos resuelto del todo: incorporar más jóvenes. Las universidades no podemos quedarnos sólo entre expertos. Hay que apuntar a que los estudiantes participen en esta construcción colectiva de país. Y termino con algo personal: soy de regiones, de Arica y Parinacota. Presidir Proyecta Chile 2050 desde una región, contribuir desde ahí a un proyecto de largo plazo y de carácter nacional, es sin duda un privilegio y un honor que no doy por descontado.