Director de empresas y secretario ejecutivo de Proyecta Chile 2050, Alfonso Gómez es un referente en innovación y tecnología en Chile. En 1984 introdujo el primer computador Macintosh en el país y desde entonces ha desarrollado una trayectoria vinculada al mundo empresarial, la transformación digital y la proyección estratégica de largo plazo. Hoy lidera una iniciativa que busca pensar el desarrollo de Chile hacia el año 2050 desde una mirada transversal y de largo alcance.
En el marco de esta nueva etapa, Gómez aborda los desafíos de proyectar el país en un escenario marcado por la polarización, la irrupción de la inteligencia artificial y la incertidumbre geopolítica, así como la necesidad de avanzar desde el diagnóstico hacia propuestas concretas de política pública.

¿Qué es Proyecta Chile 2050 y qué busca en esta nueva etapa?
Proyecta Chile es una iniciativa que busca imaginar el mejor Chile posible hacia el 2050. En su primera etapa reunió a más de 2.000 personas de distintos mundos, academia, sector público y privado, para construir una mirada de largo plazo.
Ahora el desafío es dar un paso más allá, no solo generar ideas, sino traducir ese trabajo en propuestas concretas de política pública que puedan incidir en el desarrollo del país.
Usted plantea que hay un problema de fondo en Chile. ¿Cuál es ese diagnóstico?
En Chile no tenemos una visión compartida. Nuestra historia reciente muestra niveles de polarización que dificultan construir un camino común hacia un destino que nos represente de manera integral.
Y eso es clave, porque los países que logran desarrollarse de manera más completa son aquellos que son capaces de proyectarse en el largo plazo, integrando lo económico, lo social y lo medioambiental.
¿Cómo se construye futuro en un contexto de tanta incertidumbre global?
Estamos en un momento de transformaciones muy profundas. La inteligencia artificial abre muchas interrogantes, pero también oportunidades en productividad y mejora de procesos.
A eso se suma un escenario geopolítico incierto y una dimensión medioambiental que no podemos dejar fuera. El planeta está cambiando y no sabemos completamente cuáles serán sus efectos.
Por lo mismo, más que tener respuestas cerradas, lo importante es ser capaces de hacernos buenas preguntas.
¿Qué cambia concretamente en esta segunda etapa del proyecto?
Es una fase más dinámica. No tiene una hoja de ruta completamente cerrada, porque el contexto cambia muy rápido.
Lo que buscamos es revisar y fortalecer las mesas de trabajo para asegurar que representen de manera integral las distintas miradas sobre Chile.
¿Qué temas deberían tomar más fuerza hacia adelante?
Hay varios. La seguridad, entendida en un sentido amplio, incluyendo la defensa, es uno de ellos. El contexto internacional muestra que estos desafíos son cada vez más relevantes.
También hay temas sociales fundamentales, como la familia, que ha cambiado mucho en el tiempo y que requiere ser repensada hacia el futuro.
Pero insisto: más que cerrar respuestas, lo importante es abrir las preguntas correctas.
Han planteado también la necesidad de involucrar a jóvenes y niños. ¿Cómo se hace eso en la práctica?
Esto no puede ser solo un ejercicio para expertos. Tenemos que ser capaces de traducir este trabajo en formatos accesibles: contenidos para colegios, redes sociales y los espacios donde hoy se desenvuelven los jóvenes.
La idea es instalar una conciencia de que el Chile del 2050 será distinto y que ellos pueden ser protagonistas de ese cambio.
¿Cuál es el principal desafío de Proyecta Chile 2050 en esta nueva fase?
Que esto no quede en un documento. Tiene que ser una iniciativa que movilice, que genere acción y que logre incidir en las decisiones públicas. Ese es el verdadero salto que queremos dar.